Dios Nunca Muere 45

Les presentamos a continuación la editorial del último número de nuestra revista.

Por Dios y por la Patria

 

Tú serás rey le dicen las brujas a Macbeth al día siguiente de haber ganado una batalla. Tú serás rey les promete un cristero a sus compañeros para encender en ellos la fiebre de reinar con Cristo.

Tu serás rey es así el título de un libro apasionante. Son líneas vibrantes escritas por el mártir Anacleto González Flores quien se dirige a los jóvenes para encenderlos por un alto ideal. Quiere que sus compatriotas saquen la casta y sellen su destino al ser nacidos del noble linaje guadalupano y con la aguerrida fuerza del imperio mexicano. No los quiere mediocres, no los quiere pusilánimes. Quiere que se abracen de fuego, de guerra, de heroísmo.

 

Cristo ya no reina en la Patria

 

Ante todo Anacleto les recuerda la triste situación nacional. Se necesita'ser realistas, basta ya de ilusiones. Hay que enfrentar lúcidamente el momento histórico por el que atraviesa la nación. Es un hecho: Cristo ya no reina en la vida pública y social de la Patria. Quien reina es el demonio. Sólo se respira allí el hálito de Satanás.

Y nosotros, ¿qué hemos hecho? Le hemos cantado a Dios en las sacristías y en las iglesias, pero no le hemos cantado a Cristo en la plaza, en la escuela, en los libros ni en el parlamento. Por miedo lo hemos arrinconado a Cristo. A sus enemigos les hemos dejado todo lo demás: la calle, la prensa, la cátedra en los diversos niveles de la enseñanza. Reducir el catolicismo a plegaria secreta, a queja medrosa, a temblor y espanto ante los poderes públicos, "cuando éstos matan el alma nacional y atasajan en plena vía la Patria, no es solamente cobardía y desorientación inexcusable, es un crimen histórico, religioso, público y social que merece todas las execraciones".

 

Dejar de ser mendigos para hacerse dueños del propio destino

 

Judas se ahorcó, dice Anacleto, mas dejó una numerosa descendencia: los herejes, los apóstatas, los perseguidores. Pero también la dejó entre los mismos católicos porque se parecen a Judas los que saben que los niños y los jóvenes están siendo apuñalados y descristianizados en los colegios laicistas. Católicos que, después de haberle dado a Jesús un beso dentro del templo, entregan sus hijos en las manos del maestro laico, para que Cristo padezca nuevamente los tormentos de sus verdugos. Se parecen a Judas los católicos que, entregados en brazos de la pereza, dejan hacer a los enemigos de Cristo.

González Flores, con intrépida lucidez, denuncia la enfermedad que sufren los católicos. Como un cáncer fatal, los militantes de la Iglesia están carcomidos por la pusilanimidad y el apocamiento que lleva a buena parte del catolicismo mexicano al desinterés y la resignación. Las almas sufren de empequeñecimiento y de anemia espiritual. Nos hemos convertido en mendigos, renunciando a ser dueños de nuestros destinos. Se nos ha desalojado de todas partes y todo lo hemos abandonado. "Ni siquiera nos atrevemos a pedir más de lo que se nos da. Se nos arrojan las migajas que deja la hartura de los invasores y nos sentimos contentos con ellas".

 

La Iglesia vive de osadías y de juventud

 

Pero "la Iglesia vive y se nutre de osadías. Todos sus planes arrancan en la osadía. Solamente nosotros nos hemos empequeñecido y nos hemos entregado al apocamiento". Nos hemos limitado a rezar, sin hacer nada, bajo la falaz máscara de una presunta prudencia. Necesitamos la imprudencia de la osadía cristiana.

En vez de un catolicismo integrado por hombres decrépitos de espíritu, González Flores soñaba con un catolicismo militante, juvenil, dispuesto a vivir peligrosamente. "Hemos perdido el sentido más profundo y característico de la juventud: la pasión del riesgo y de peligro. Medimos todos nuestros pasos, contamos todas nuestras palabras, recomponemos nuestros gestos de manera de no padecer ni la más ligera lastimadura". Se ha formado una generación de viejos que aún guardan su vida al no ponerla en riesgo. Guardan una vida enmohecida, como espada que nunca ha salido de la vaina".

Falta pasión. Ya no se encuentra verdadero amor. "Amar a Dios, para un joven, debe significar entusiasmos sin medida, ardores apasionados de santo, sueños de heroísmo y arrojos de leyenda. La vida es una milicia". Lo que necesita el catolicismo contemporáneo es una transfusión de juventud. Y la juventud no es sino amor a la vida en su más bello instante: cuando es peligrosa y se arroja por un ideal.

González Flores convoca a la juventud mexicana: ¡De pie toda entera, recia juventud de mi Patria! Y a aquellos jóvenes de espíritu les promete que ellos serán reyes. "Que cada una de estas páginas sea un grito de guerra no para hacer reinar a un hombre sino para hacer reinar plenamente a Cristo".

Padre Mario Trejo,
Superior de Distrito de México y América Central


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