Dios Nunca Muere 49

Les presentamos a continuación la editorial del último número de nuestra revista sobre el Concilio Vaticano II.

Editorial

Medios extraordinarios para un estado de necesidad

La ciudad de México se disponía para comenzar un día más de labores cotidianas. El metro, los camiones, microbuses, autos y otros medios de transporte corrían de un lado a otro, transportando a las personas de sus hogares a los respectivos lugares de trabajo o escuela.

Eran aproximadamente las 07:15 a.m. de ese 19 de septiembre de 1985, cuando empezó a sentirse un fuerte terremoto que sacudió gran parte de la ciudad. ¡Uno de tantos!, pensaron muchos, pero no fue así. La magnitud y destrucción llegaron a niveles que no se imaginaban.

Zona de desastre (Estado de necesidad)

Ya que los medios de transporte, especialmente el Metro, dejaron de dar servicio, las personas caminaban por las calles tratando de llegar a sus trabajos o escuela sin todavía percatarse de la situación. En muchos lugares, especialmente en las zonas más afectadas, no se tenía suministro de energía eléctrica ni funcionaban las líneas telefónicas. Se encontraban visiblemente fugas de agua, lo que producía escasés del indispensable líquido. Las sirenas de las patrullas, ambulancias, grupos de rescate y bomberos sonaban por doquier. Se oía que en tal o cual lugar había gente atrapada viva, otras ya muertas, heridas, etc. En fin una gran catástrofe que llevó a un caos en la Ciudad de México provocando un estado de necesidad.

Medios extra­ordinarios

Debido a lo anteriormente expuesto, se implementaron medidas extraordinarias: rescate de personas vivas aún bajo los escombros, lugares para reconocer los cuerpos, fosas comunes de cuerpos ya en total descomposición, suministro de agua y alimentos para damnificados y trabajadores, establecimiento de albergues para aquellos que perdieron sus hogares, ayuda del exterior trayendo alimentos, medicinas, ropa y cobijas, equipos médicos en las zonas afectadas para atender las necesidades de la gente, etc.

Un día trágico que cambió la vida de muchas familias que vivían en la zona centro y aledaña de la Ciudad de México. Pérdida de vidas humanas, personas mutiladas, enfermas, casas y lugares de trabajo destruidos, en fin, una zona de desastre.

Treinta años han pasado, pero lo ocurrido aquel día y sus consecuencias aún persisten en la mente de aquellos que lo vivieron.

El Concilio Vaticano II

Para el terremoto de 1985 hubo un epicentro y ciertas condiciones tanto del suelo como de la construcción que provocaron la gran tragedia.

Pues bien, así como en la Ciudad de México se presentaron todas las condiciones para el caos hace 30 años, así en la Iglesia hace 53 años ‒1962‒ se presentó el inicio del caos que se prolongó por 3 años más, hasta 1965. Este epicentro fue el Concilio Vaticano II, en el cual estaban presentes las condiciones para la gran tragedia. Al término del concilio, pocos se imaginaron la magnitud y destrucción que esta catástrofe traería.

Las ideas modernistas ya estaban implantadas en algunos hombres de la Iglesia, y esto, aunado al relajamiento y muchas veces ignorancia de los Obispos y Sacerdotes, así como a la “buena fe” de otros, completaron las condiciones y el gran terremoto que en la Iglesia tuvo lugar.

Estado de Necesidad

En su excelente libro Carta Abierta a los Católicos Perplejos, Monseñor Marcel Lefebvre describe el caminar de los católicos por las ruinas que va dejando este terremoto. Destrucción de la fe, de la doctrina, del sacerdocio, de la vida religiosa, etc.

La “luz del mundo” ya no alumbra más, la sal ha perdido su sabor, se ha vuelto insípida. Los pastores se han vuelto “lobos con piel de ovejas”, llevando a sus rebaños a pastizales secos, desolados, envenenados. El caos reina: crisis de fe, crisis doctrinal, crisis de autoridad, crisis moral, crisis litúrgica, en fin, con gran asombro y perplejidad vemos las consecuencias tan devastadoras de este terremoto.

Las conciencias rectas previenen, pequeños grupos de rescate se implementan, hay noticias de católicos enfermos, muertos, hay muchas personas atrapadas en los escombros del modernismo. En fin, una gran catástrofe que llevó a un caos en la Iglesia provocando un estado de necesidad.

Medios Extraordinarios

Y así, con la crisis en pleno apogeo, algunos sacerdotes aislados junto con algunos fieles veían la situación caótica y empezaron a reaccionar. Se inició con la implementación de algunos Medios Extraordinarios. Se dejó de asistir a la Nueva Misa y, en general, a las nuevas enseñanzas que brotaron tanto del Concilio mismo como de su aplicación.

Finalmente, surgió un prelado que fue el abanderado en la implementación de los Medios Extraordinarios dentro del estado de necesidad en que se encuentra la Iglesia. Sí, Monseñor Marcel Lefebvre tomó la bandera de la defensa de la Doctrina Verdadera, de la Misa de siempre, del Sacerdocio Católico, en una palabra, de la Tradición de la Iglesia.

Fundó la Fraternidad Sacerdotal San Pío X el 1° de noviembre de 1970; trabajó y sufrió duro en el desarrollo de su labor. Consagró a 4 Obispos en la Operación Supervivencia dentro de la crisis. En fin, armó, por la Gracia de Dios, todo un esquema de operación de los Medios Extraordinarios que corresponden al estado de necesidad.

La crisis no ha cesado y se ve bastante lejos que esto pueda ocurrir. Todos quisiéramos que la crisis terminara, que todo volviera a la “normalidad”, pero el tiempo no ha llegado. Nuestro Señor tiene sus tiempos y Él sabrá hasta cuándo permitirá que esta crisis continúe. Es fácil caer en el desánimo o buscar una solución cómoda. No desfallezcamos, no nos dejemos engañar por el enemigo, continuemos con la lucha. “Al final Mi Corazón Inmaculado Triunfará”, palabras alentadoras de Nuestra Señora que nos exhorta a llegar a la meta, firmes en los propósitos y el deseo del Cielo.

Padre Jorge Amozurrutia Silva.

Superior del Distrito de México y América Central

 

Índice

Editorial del Superior de Distrito    Pág ...1

Las fuentes de la crisis, por el Padre Arnaud Gardère    Pág ...3

Sacrosanctum Concilium (I), por el Padre Sebastian Wall    Pág ...7

Vaticano II y las Vocaciones religiosas, por el Padre Gabriel Magaña    Pág ...11

El concilio todopoderoso, por el Padre Pablo González    Pág ...14

La misa del Vaticano II, por el Padre Pierre Mouroux    Pág ...18

Respondiendo al Sínodo, por el Padre François Knittel    Pág ...20

Una peregrinación memorable (III), por el Padre Pablo González    Pág ...27

Crónica    Pág ...30


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