La cuestión del papa hereje - 3

Marzo 27, 2017
Origen: Distrito de México
San Roberto Belarmino escribió sobre este tema complejo

Los errores condenados a lo largo de la historia por la Iglesia han sido presentados como verdad por Roma durante los últimos 50 años. ¿Qué pensar de esto?

El reverendo padre Jean-Michel Gleize ha sido profesor en el Seminario de San Pío X, de la FSSPX, en Econe, Suiza, durante 20 años; actualmente imparte eclesiología. Es autor de numerosos artículos en Courrier de Rome y es asesor de la comisión responsable de las discusiones doctrinales con la Santa Sede.

La cuestión del papa hereje - 1: Introducción al problema
La cuestión del papa hereje - 2: El caso del Papa Juan XXII

Parte 3: ¿Puede un Papa caer en herejía?

A primera vista, parecería que se trata de una tesis improbable. De hecho, la respuesta negativa a esta pregunta es la opinión común de los teólogos de la era moderna. Dicen, en efecto, que el Papa no podría convertirse en un hereje formal y obstinado, es decir, un hereje deliberado y culpable, aunque si podría convertirse en un hereje material, por ignorancia no culpable o por un simple error y no por razón de mala voluntad. Los principales defensores de esta tesis son el teólogo holandés Albert Pighi (1490-1542) (autor del tratado Hierarchiae ecclesiasticae assertio, que examina esta cuestión), San Roberto Belarmino (1542-1621) (De Romano Pontifice, Libro 4, capítulos 6-14), y Francisco Suárez (1548-1617) (De fide, disputatio 10, sectio 6, §11, Opera omnia, 2: 319). Justo antes del Concilio Vaticano I, esta opinión fue sostenida también por el canonista francés Marie-Dominique Bouix (1808-1870).

Durante este Concilio, el obispo Zinelli, hablando en nombre de la Diputación de la Fe, elogia la opinión de Belarmino y de Suárez: según él es probable que el papa nunca será un hereje formal.

Puesto que estas cosas han sido confiadas a la Providencia sobrenatural, creo que es suficientemente probable que nunca sucederán "(Mansi, vol. 52, columna 1109).

A raíz del Concilio, el Cardenal Billot (1846-1931) reiteró la misma opinión en L'Église, II - Sa constitution intime, pregunta 14, tesis 29, parte 2, núms. 940-949.

El Padre Dublanchy, después de él, también la adoptó en "Infaillibilité du pape", Dictionnaire de théologie catholique, 8/2: 1716-1717. Por último, durante el reinado de Pío XII, el manual clásico del Padre Salaverri, De Ecclesia Christi, tesis 14, § 657, menciona la cuestión acerca de la herejía personal de un papa como asunto de debate teológico y presenta como probable la opinión de Belarmino y de Suárez, que fue elogiada por el Obispo Zinelli.

El doble argumento

El argumento de esta explicación es doble, y permanece invariable en los escritos de todos los autores que adoptan esta postura. En primer lugar, hay un argumento teórico que se presenta como una cuestión de conveniencia: la infalibilidad del oficio, prometida en Lucas 22:32, haría moralmente necesaria la indefectibilidad personal en la fe. De hecho, San Roberto Belarmino señala en De Romano Pontifice, Libro V, capítulo 6 que el orden establecido por Dios requiere absolutamente que la persona privada del Sumo Pontífice no pueda caer en la herejía, ni siquiera perdiendo su fe de manera puramente interna.

Porque el Papa no debe ni puede predicar herejía; y no sólo eso, sino que también debe enseñar la verdad siempre, y no hay duda de que siempre lo hará, ya que el Señor le ordenó a fortalecer a sus hermanos. Pero, ¿cómo puede un Papa hereje fortalecer a sus hermanos en la fe, cómo predicará siempre la fe verdadera? Sin duda, Dios es capaz de extraer la profesión de la verdadera fe del corazón de un hereje, tal como una vez hizo hablar a la burra de Balaam. Pero habría violencia en eso, y no sería una acción acorde con la providencia divina, que arregla todas las cosas suavemente.”

Hay también un segundo argumento fáctico, que resulta del primero, y que lógicamente lleva a todos los defensores de la teoría a probar que nunca en toda la historia de la Iglesia ha habido un papa formalmente hereje (véase ibid., Capítulos 7-14).

La Opinión Premoderna

Sin embargo, los teólogos de la era moderna llegan un poco tarde. Y uno podría objetar que incluso antes de ellos, desde los siglos XII-XVI, los teólogos comúnmente pensaban que el papa podía caer en herejía. Encontramos esta idea en el siglo XII en el Decreto de Graciano, específicamente en el Libro 1, distinción 40, capítulo 6 titulado Si papa. Graciano dice que el papa no puede ser juzgado por nadie, excepto en el caso en que se apartara de la fe. Esta declaración se atribuye a San Bonifacio, arzobispo de Milán, y se cita bajo su nombre, antes de Graciano, por el cardenal Deusdedit e Yves de Chartres. Este es el texto que servirá de base a todas las reflexiones de los canonistas medievales, y que en adelante apoyará una opinión común:

Los canonistas de los siglos XII y XIII", dice el R. P. Dublanchy, conocen el pasaje de Graciano y lo comentan. Todos admiten, sin dificultad, que el papa puede caer en herejía, como en cualquier otro pecado grave; su única preocupación es investigar cómo y en qué condiciones puede en este caso ser juzgado por la Iglesia.” (Dictionnaire de théologie catholique, col 1715).

Cayetano apoya de nuevo esta tesis. Albert Pighi, en el siglo XVI, sería el primero en romper con una tradición teológica y canónica que había sido unánime hasta entonces. Pero incluso en la era moderna, la nueva opinión introducida por Pighi no sería absolutamente unánime. De hecho, Pighi fue refutado rápidamente por Melchior Cano (1509-1560) (De locis theologicis, Libro 6, capítulo 8, §§ 21-23) y Domingo Bañez (1528-1604) (Comentario sobre 2a2æ, q. 1, artículo 10, folios 183-212 de la edición de Venecia de 1587). El dominico Charles-René Billuart (1685-1757) comparte la misma opinión con estos dos teólogos en su De fide, dissertatio 5, art. 3, § 3, objeción 2; De regulis fidei, dissertatio 4, art. 8, § 2, objeciones 2 y 6 y De incarnatione, disertatio 9, art. 2, § 2, objeción 2.

Finalmente, en el período que siguió al Concilio Vaticano I, el padre Palmieri defiende esta tesis en su Tractatus de romano pontifice, tesis 32, scholion, pp. 630-633.

Mons. Marcel Lefebvre, durante el sermón de las consagraciones de 1988, habló sobre esta importante cuestión.

Lecciones de la Historia y hoy en día

Hay que considerar también que los hechos de la historia son innegables. Ha habido en la Iglesia uno o dos papas que favorecieron la herejía, y actualmente, desde el Vaticano II, algunos papas han causado serios problemas a la conciencia de los católicos, que están perplejos. Por ejemplo, el Papa Honorio I (625-640) fue anatematizado por sus sucesores, San Agatón (678-681) y san León II (682-684) durante el Tercer Concilio de Constantinopla en 681 por haber favorecido la herejía monotelita. (Para una información más detallada, véase el artículo “Una crisis sin precedentes?” que apareció en la revista del Institute Universitaire saint Pie X, Vu de haut 14 (Automne 2008), pp. 78-95.)

Por otra parte, está claro que desde el Vaticano II, los Papas Pablo VI, Juan Pablo II., y Benedicto XVI han enseñado - y el Papa Francisco todavía enseña- opiniones teológicas que serían difíciles de conciliar con la sustancia del dogma católico. Los acontecimientos recientes, sin duda, son más graves que las situaciones del pasado.  Pero en ambos casos, el alcance es esencialmente el mismo. Y estos hechos han sido notados por personas cuyo juicio tiene cierta autoridad moral, aunque carezca de autoridad jurídica.

Consideremos las palabras del arzobispo Marcel Lefebvre, pronunciadas en su sermón en las consagraciones episcopales del 30 de junio de 1988 en Ecône:

Efectivamente, desde el Concilio, lo que nosotros (los papas antes de 1962) condenamos en el pasado, las actuales autoridades romanas han abrazado y profesan. ¿Cómo es posible? Cosas que hemos condenado: el liberalismo, el comunismo, el socialismo, el modernismo, el sillonismo. Todos los errores que hemos condenado son ahora profesados, adoptados y apoyados por las autoridades de la Iglesia. ¿Es posible?”

He aquí, nuevamente, el Arzobispo, esta vez en su sermón de Pascua del 30 de marzo de 1986:

Nos encontramos ante un grave y extremadamente serio dilema, que creo que nunca ha existido en la Iglesia: el hecho de que el hombre sentado en la silla de Pedro participe en la adoración de falsos dioses. No creo que esto haya sucedido en la historia de la Iglesia”

Y, finalmente, también hay que prestar atención a los comentarios del obispo de Castro-Mayer hechos al arzobispo Lefebvre en una carta fechada el 8 de diciembre de 1969:

Este es un tema muy serio. Estamos en camino hacia una nueva Iglesia. Roma es la que conduce las almas a la herejía. Me parece que no podemos aceptar todos los documentos del Vaticano II. Hay algunos que no pueden interpretarse de acuerdo con Trento y el Vaticano I. Usted, ¿qué piensa?”

Todo esto nos lleva a pensar, ni más ni menos, que la primera opinión que considera improbable la caída de un papa en herejía es en sí misma improbable. En otras palabras, los argumentos de la autoridad teológica siguiendo la pauta de una respuesta negativa a la pregunta planteada son insuficientes para ser aceptados. Debe demostrarse, por lo tanto, cómo la recta razón, iluminada por la fe, podría justificar una respuesta afirmativa.