La supresión de los gestos que simbolizan el sacrificio - Palabras de Mons. Lefebvre

Julio 25, 2019
Origen: Distrito de México

[…] Para analizar el nuevo rito, pienso que no hay que considerar únicamente los textos, sino tomar igualmente en consideración todas las ceremonias y los nuevos gestos que se establecen: las genuflexiones, los signos de Cruz, las inclinaciones (…) e incluso el cambio de objetos1.

Así, en la Plegaria eucarística I, ¡se han suprimido todos los signos de Cruz! Un día celebraba yo la misa; creo que en el Carmelo de Suiza. Las Carmelitas sólo eran nueve. Tenían un misal antiguo que les habían regalado, pero estaba pintarrajeado por los reformadores. Había un círculo sobre cada cruz para señalar que se había suprimido. Igualmente las rúbricas que hacían referencia a las genuflexiones estaban tachadas en rojo. Con una sola ojeada se podía ver toda la transformación del Canon. ¡Ah!, puedo aseguraros que la Plegaria eucarística I2 ya no es el Canon romano, no, para nada. ¡Se ha cambiado todo! ¡Se ha transformado todo! ¡Ya no hay genuflexiones ni signos de cruz! ¡Es horrible! El signo de cruz mostraba claramente que se trataba del sacrificio de la Cruz. No digamos que todo eso son detalles. No son detalles, sino gestos que tienen su significado y su valor3.

Otro ejemplo: la grandeza del sacrificio pide que el altar sea de un material noble, de piedra, y que toque la tierra de algún modo. Así la Iglesia prescribió desde el siglo IV la piedra de altar. Seguramente ya existía antes, pero el Papa que la prescribió para ofrecer el sacrificio no hizo sino confirmar lo que se hacía probablemente desde el principio.

Ahora bien, se ha suprimido la piedra del altar, pues ya no es obligatoria, y se reemplaza con una simple mesa, también para resaltar una comida más que un sacrificio, cosa que no añade nada sino todo lo contrario, a la dignidad y al carácter sagrado de la misa, que es un verdadero sacrificio4.

La supresión de la piedra de altar lleva también a la supresión de las reliquias de los Santos mártires que fueron inmolados y derramaron su sangre por Nuestro Señor Jesucristo, uniendo así la suya con la de Él, cosa que expresaba la presencia de las reliquias de los Santos en la piedra de altar. Ya no se presenta este vínculo tan hermoso que existe entre el sacrificio de los Santos y el de Nuestro Señor que se ofrece en el altar. ¿Cómo se han podido suprimir estas cosas? ¡Es increíble!5

Yo le dije al cardenal Seper: “Mire cómo se ha disminuido la noción del sacrificio”. La Iglesia ha tenido siempre el sentido del sacrificio, e incluso yo diría que es algo que está en la naturaleza del hombre. Ahora bien, todos los sacrificios se realizan sobre una piedra, sobre algo sólido. ¡Y se han suprimido las piedras de altar!6

La supresión de la piedra de altar, la introducción de la mesa cubierta con un solo mantel, el sacerdote de cara al pueblo, el hecho de colocar la hostia siempre sobre la patena y ya no sobre el corporal, el uso de pan ordinario y de los vasos hechos con materiales diversos, aún los menos nobles, son otros tantos detalles que contribuyen a inculcar a los asistentes las nociones protestantes opuestas esencial y gravemente a la doctrina católica.

Monseñor Marcel Lefebvre
LA MISA DE SIEMPRE

  • 1. Conferencia espiritual, Ecône, 25 de junio de 1981. El sacramento es un signo sensible y eficaz, no un tratado teológico. Por eso hay que considerar no únicamente los textos sino también los gestos, actitudes que contribuyen también a significar lo que se realiza.
  • 2. Entre las cuatro Plegarias eucarísticas que se dejan a la elección del celebrante en el nuevo ordo, la Plegaria I es la que tiene en sus textos más parecidos materiales con el Canon de la misa tradicional, cosa que ha llevado erróneamente a que algunos la consideren como idéntica en sustancia.
  • 3. Retiro, Avrillé, 18 de octubre de 1989.
  • 4. Conferencia espiritual, Zaitzkofen, 1 de octubre de 1989.
  • 5. Conferencia espiritual, Ecône, 26 de octubre de 1979.
  • 6. Conferencias, Ecône, 25 de junio de 1981